jueves, 18 de noviembre de 2010

El amor, ese sentimiento que roza con la utopia....



Una sociedad perfecta donde la desigualdad y la pobreza no existan, un mundo en el que las guerras sean simplemente para que los niños se diviertan jugando con la nieve, en el que las cárceles y la policía no sean necesarias porque nadie comete delitos, eso..... eso es a lo que nos referimos cuando hablamos de una utopía... ideas y proyectos que son inmensamente atractivos, pero a la vez, totalmente irrealizables.

El amor eterno y complementario, en el que dos personas se aman profundamente el uno al otro y son felices por el resto de su vida, prácticamente entra dentro de estos hechos utópicos. Sin embargo, sabemos que existen esas “excepciones a la regla”


No voy a ser tan extremista de hablar sobre lo inmensamente difícil que es conseguir ese amor eterno, ya que con referirme a lo complicado que es lograr tener un amor real (aunque no sea eterno), me alcanza para martirizarme....
Si se hiciera una encuesta entre la población soltera, seguramente casi la totalidad de los votantes dirían que su gran anhelo es encontrar el verdadero amor con el cual ser feliz por el resto de sus vidas. Entonces, si todos buscamos lo mismo, ¿porque nos cuesta tanto encontrarlo?

La respuesta a este interrogante, creo yo, esta dada en la gran complejidad que tiene el amor. Todos estamos convencidos de que queremos enamorarnos, ser correspondidos y vivir una apasionante historia de amor con otra persona. Sin embargo, no somos nosotros quienes elegimos de que persona enamorarnos y en que momento hacerlo. Es por eso, que aunque todos estemos de acuerdo en que nuestro objetivo es enamorarnos, se vuelve muy difícil que dos corazones coincidan en hacerlo entre sí al mismo tiempo.

Queda muy bien y es tan correcto como hipócrita decir que en el amor, lo unico que importa de una persona es su interior y no la apariencia física. El hecho de decir que “todo entra por los ojos”, es un pensamiento, lamentablemente, tan superficial como real. Por esta razón, lo primero que se tiene en cuenta al iniciar una relación entre dos personas es la atracción que exista entre ambos.

Una vez superado ese primer obstáculo (y suponiendo que los dos son solteros y buscan una relación seria), entran en juego las personalidades, los gustos, la forma de ser y las aspiraciones de ambos. Estos factores son fundamentales ya que pueden fortalecer el vinculo o destruirlo por completo.
Cualquiera podría pensar, equivocadamente, que el hecho de que dos personas que tienen personalidades compatibles se atraigan físicamente, es suficiente para que puedan encarar una relación de manera exitosa. El mundo del amor presenta muchísimas mas dificultades que las anteriormente mencionadas. Una de ellas es la diferencia de edad, que encima puede estar agravada por el problema legal y social que genera que una de las dos personas sea menor de edad y la otra no.

Otra dificultad radica en la distancia que potencialmente puede existir entre ambos. Muchas veces, una relación que venia bien encaminada, termina desechándose por las dificultades que impone vivir lejos.

Quizás si algún heterosexual lee esto, no comprenda una de las grandes dificultades que los gays padecemos cuando queremos comenzar una relación: el rol sexual. Es muy triste y muy común engancharse con una persona y terminar resignado con esa relación porque es imposible lograr una compatibilidad.

Sin embargo, todas estas dificultades que en algunas oportunidades marcan el fin indeclinable de una relación, en muchos casos pueden ser superadas considerando la diferencia de edad como un hecho menor, acomodando los tiempos para que la distancia no sea destructiva y adaptando los roles sexuales de manera que se logre la satisfacción de ambos en la pareja.

Suponiendo que todo lo anteriormente planteado se logra, es muy probable que se produzca el comienzo de una relación. Un comienzo que no otorga ninguna garantía de éxito. ¿Porque?. Simplemente porque aunque nuestra cabeza nos diga que esa persona cumple con todos los requisitos para hacernos feliz (tiene una personalidad compatible con la nuestra, es atractiva físicamente y el rol sexual, la distancia y la edad no son problemas para nosotros), nuestro corazón tiene razones que la propia razón no comprende.

Este ultimo obstáculo es el mas difícil de superar y a la vez el mas importante, ya que, si logramos que nuestros corazones bajen la guardia y se enamoren de manera mutua, todas las dificultades anteriormente nombradas e incluso las que puedan aparecer con el tiempo, pueden ser superadas.
Esta “formula del amor” es muy difícil de lograr y se busca conseguir como se hace con cualquier otra formula, mediante prueba y error. El gran problema es que cada error, nos ocasiona daños muy difíciles de reparar en nuestro corazón y mientras mas cerca estamos de conseguir la formula perfecta, mas daño sufrimos cuando nos encontramos con el error.

Si hay victimas en el amor, es sencillamente porque también hay victimarios. Entonces, si todos buscamos lo mismo, ¿quién es la victima y quien es el victimario?

Siempre nos quejamos de la cantidad de veces que nos han roto el corazón, sin embargo, ¿alguna vez nos preguntamos cuantas veces nosotros hicimos sufrir a otros?


Muchas veces la necesidad de afecto, nos hace creer que determinada persona que se nos acerca y muestra interés por nosotros es la adecuada y apelamos a todo nuestro encanto de manera que la persona en cuestión termina enganchada con nosotros, al mismo tiempo que nos damos cuenta que en realidad, no nos interesa mas o, mejor dicho, nunca nos interesó.

Constantemente somos victimas y victimarios en el amor. Las relaciones por interés económico, social o incluso sexual abundan en esta sociedad.
Lamentablemente, nuestro corazón es tan noble como tonto, y suele enamorarse de personas cuyo deporte favorito es jugar con los sentimientos ajenos y manipularlos a su antojo. Ese juego terriblemente morboso y peligroso es el culpable de que nuestros corazones estén cada vez mas lastimados.

Ante esta situación de dolor, las personas suelen reaccionar de maneras opuestas: están, por un lado, quienes se vuelen descreídos del amor y niegan rotundamente su existencia, intentando, en vano, auto-convencerse de que se encuentran mejor solos. Por otro lado, existen aquellos que buscan desesperadamente el amor en todos lados, y ante la desesperación de no encontrarlo sienten que se enamoran de cada persona que se les cruza cuando en realidad no se dan cuenta que el verdadero amor no les llego y que de lo único que están realmente enamorados, es del amor en si...


        Gabriel García Nasif   (Gabb Malparido)

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